
La palabra “emociones” goza de varios significados. Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), su raíz viene del latín “emotio” y “emotionis”, que significa “estado de ánimo producido por impresiones y los sentidos, ideas o recuerdos que con frecuencia se traduce en gestos, actitudes u otras formas de expresión”. También del latín “exmovere”, que significa alejarse.
Me resulta muy interesante esa definición debido a que justamente eso es lo que las emociones carnales sin crucificar intentan lograr, hacer que las sigamos a ellas y así alejarnos de o salirnos de la voluntad de Dios.
De hecho, ese es el plan de Satanás para nuestras vidas, el de hacer que vivamos en base a nuestros sentimientos carnales para que nunca caminemos en el Espíritu.
El DRAE también indica que las “emociones” son un “estado de ánimo caracterizado por una conmoción orgánica consiguiente a impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos”. Es cierto, debido a que son muy complicadas, que no es fácil expresarlas, lo que a veces hace que enfrentarnos a ellas nos resulte difícil.
Por ejemplo, hay ocasiones en que el Espíritu Santo nos está guiando a hacer algo, y nuestras emociones toman parte de ello, así que nos emocionamos mucho por lo que vamos a hacer. El apoyo emocional nos ayuda a sentir que Dios realmente desea que logremos ese algo. Percibimos que el apoyo emocional se constituye en una confirmación de la voluntad divina.
En otras ocasiones, puede que el Espíritu Santo nos guíe a tomar una acción específica, pero nuestras emociones no quieren enredarse en lo que Dios nos está revelando y pidiendo que hagamos, o sea, no nos apoyan para nada.
Es en esos momentos que se nos hace más difícil obedecer a Dios. Dependemos sobremanera en el apoyo emocional. Si no comprendemos cuan voluble e inconstante es la naturaleza de las emociones, Satanás puede servirse de ellas, o de su carencia, para mantenernos fuera de la voluntad de Dios. Creo firmemente que nadie jamás caminará dentro de la voluntad de Dios, y por consiguiente, en victoria, si se deja dominar por sus emociones.
La persona que se deja llevar por las emociones Una persona que se deja llevar por las emociones es alguien que se ve fácilmente afectado o tocado por las emociones. Es bueno que aprendamos a conocernos a nosotros mismos y a nuestra personalidad. Algunos se dejan llevar más por las emociones que otros, y estar consciente de ello puede evitar muchos dolores de cabeza y sufrimientos.
Aún si no caemos dentro de la categoría de ser una persona “emocional”, cada uno de nosotros siente emociones y corre peligro de dejarse arrastrar por ellas. Quizás una mañana uno se despierte sintiéndose deprimido y sigue así el día entero.
Al día siguiente quizás uno se levanta enojado, teniendo ganas de desquitarse con alguien, y a la larga, es eso justamente lo que hacemos. En otras ocasiones a lo mejor uno se levanta sintiendo lástima por sí mismo y va y se sienta en un rincón y llora todo el día.
Hay que aprender a estar conscientes de las emociones que uno siente y saber cómo dominarlas como es debido. Una manera de hacerlo es reconociendo los distintos tipos de personalidades y cómo reaccionan de maneras diferentes ante situaciones similares.
Como verá, cómo reaccionamos usted y yo ante las emociones depende hasta cierto punto de la categoría en la cual caemos: colérica, flemática, optimista o melancólica. La mayoría de nosotros es una combinación de dos o más personalidades.
Realmente sirve de ayuda conocerse a sí mismo. Recuerde siempre que podemos aprender a dominar nuestras debilidades por medio del poder del Espíritu Santo y, al hacerlo, nos convertimos en individuos equilibrados que no pueden ser dominados por Satanás.
Emoción Según el DRAE, el término emoción significa: “estado de ánimo producido por impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos que con frecuencia se traduce en gestos, actitudes u otras formas de expresión”. Emocionable significa: “emotivo, muy sensible a las emociones”.
La persona emocionable es alguien cuya conducta se rige por las emociones, en vez de por la razón.
A los que asisten al seminario que dicto acerca de este tema siempre les asigno de leer el libro de Proverbios buscando todos los versículos que comparan los sentimientos o las emociones con la sabiduría.
Al llevarlo a cabo, por lo general aprenden que una de las diferencias entre la sabiduría y la emoción es el tiempo o el momento en que se expresa.
La sabiduría siempre espera actuar hasta el momento adecuado, mientras que la emoción siempre quiere actuar ¡ahora mismo! Dejarse llevar por las emociones es imprudente, clama por una acción inmediata. Por el contrario, la sabiduría tranquilamente piensa en cómo una decisión afectará el futuro. Las emociones sólo se preocupan por el momento, por el hoy.
¿Cuántas veces ha dicho o hecho algo arrastrado por las emociones, para luego sentir un profundo arrepentimiento por haber actuado tan locamente?
- ¡Ay, si tan sólo me hubiera callado la boca!
ES INCREÍBLE EL DAÑO TAN GRAVE QUE PUEDE OCASIONAR EN UNA RELACIÓN UN SOLO ARRANQUE EMOCIONAL.
Cómo batallar contra las emociones Al principio no le resultará fácil controlar sus emociones. Nunca lo es. Cuando usted y yo intentamos romper un mal hábito, siempre tendremos una lucha entre manos. Es necesario que batallemos en nuestro interior clamando a Dios.
Me he dado cuenta que si dependo de mi carne solamente, sirviéndome únicamente de la voluntad propia y la determinación, que fracaso cada vez. Más si tomo la decisión firme de resistir a la tentación clamando el poder del Espíritu Santo, encuentro la fortaleza que necesito.
He descubierto que el Señor no lo hace todo por uno en esta vida. No basta sólo buscar a alguien que nos imponga manos y ore para que seamos libres de todas nuestras ataduras. Nuestra mente y nuestra voluntad tienen un papel que jugar. Para el éxito hace falta una combinación de fe impulsada por la acción.
En Proverbios 4:7 el autor nos dice: “Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia”. En otras palabras, tenemos que poder ver más allá de las mentiras que Satanás nos pone en la mente y los sentimientos que hace que surjan en nuestro interior. Es necesario fijar los ojos en la Palabra de Dios y actuar sobre lo que dice, no sobre lo que el enemigo hace que sintamos que queremos hacer.
Si usted desea ser alguien que está comprometido de veras con la Palabra de Dios, tendrá que aprender a dejarse llevar por el Espíritu Santo, y no por las emociones.
Cada vez que surge en mí una emoción o un sentimiento, lo pongo a prueba para ver si concuerda con la Palabra de Dios.
Esta es la forma en que batallamos en contra de nuestras emociones, haciendo uso de la voluntad para tomar la decisión de seguir la Palabra de Dios y no a nuestros sentimientos.
Carente de emociones Alguien que carece de emociones es alguien a quien le es imposible demostrar sus emociones, alguien que siente poca o ninguna emoción.
Si una persona ha sido maltratada en el pasado, a menudo desarrolla una dureza interna, una muralla protectora. Puede que tenga los mismos sentimientos que los demás, pero les resulta imposible expresarlos. A veces las heridas son tan profundas que se tornan insensibles por completo, no son capaces de sentir nada. En ambos casos, es necesaria una sanidad genuina.
Dios nos ha dado los sentimientos para que cumplan un propósito específico y para que nos sirvamos de ellos en nuestra relación con Él.
Jesús y las emociones “Porque no tenemos un nuevo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).
Según éste versículo, Jesús vivió y sufrió cada emoción y sentimiento, al igual que nosotros, más sin embargo, lo hizo sin pecar. ¿Cómo es que evitó pecar? Porque no cedió ante los sentimientos mal ubicados. Tenía conocimiento de lo que dice la Palabra de Dios respecto a enfrentar cada aspecto de la vida porque se pasó años estudiándola antes de comenzar su ministerio.
En Lucas 2:40 la Biblia dice que cuando era niño, Jesús “…crecía y se fortalecía y se llenaba de sabiduría…” de manera que a los doce años pensó que ya tenía la edad suficiente como para ir al templo en Jerusalén y “andar en los negocios de mi (su) Padre” (Lucas 2:41-52). Más le faltaban aún varios años de aprendizaje antes de entrar al ministerio tiempo completo.
Usted y yo jamás podremos decir que no a nuestros sentimientos si no llevamos en nuestro interior un conocimiento profundo de la Palabra de Dios. Jesús tenía los mismos sentimientos que nosotros, más nunca pecó porque nunca cedió a ellos.
Si alguien me hiere y me siento mal o enojado, mi mayor consuelo está en levantar mi rostro, mis manos y mi voz al cielo y decirle al Señor, “Jesús, qué alegría que me da el que Tú comprendas lo que estoy sintiendo en este preciso instante y que no me condenas por sentirme de esta manera. Señor, no quiero dar rienda suelta a mis emociones, ayúdame a sobreponerme a ellas y a perdonar a los que me han hecho daño; a no despreciarlos, evitarlos ni vengarme por el mal que me han hecho. Ayúdame a no vivir con sentimientos de culpa y condenación que me hacen pensar que no debería sentirme como me siento”.
No se trata tan sólo de pensar: “No me debería sentir así”. Es cuestión de clamar a Dios y actuar según el fruto del Espíritu Santo que se llama templanza, que quiere decir, dominio propio (Gálatas 5:23).
No es necesario que usted y yo tengamos sentimientos de culpa ni nos sintamos condenados debido a que tenemos malos sentimientos. Jesús nos comprende. Su mayor preocupación es que maduremos hasta ser como Él: humilde, apacible, manso y tierno. Anhela que crezcamos en compasión, entendimiento y dulzura de corazón.
En mi niñez tuve heridas muy profundas, y como resultado desarrollé una dureza interior y unos muros protectores formidables, como los que mencioné anteriormente. Mi interior se tornó áspero e insensible. Más aprendí, y aún sigo aprendiendo, que toda personalidad, no importan las heridas pasadas o presentes, puede proyectarse con ternura, dulzura y suavidad.
A pesar de lo que hayamos vivido en el pasado, o lo que sintamos en la actualidad, es necesario que seamos compasivos con los demás. Debemos gozarnos con los que se gozan y llorar con los que lloran (Romanos 12:15).
Una de las cosas que Jesús impartía a las personas antes, y en la actualidad, y que nosotros tenemos que impartir a los demás, es comprensión, en lugar de dureza.
A pesar de lo que alguien haya hecho o dejado de hacer que nos haya afectado, el mensaje que les debemos dar es: “Comprendo lo que estás pasando. Comprendo cómo te sientes. Pero permite que te declare lo que dice la Palabra de Dios. No tienes por qué quedarte de esa manera. Es posible cambiar”. El que ha sido herido, hiere, más el amor puede sanar y cambiarlos.
Resulta obvio lo que Satanás se propone. Quiere que desarrollemos en nuestro interior una dureza y una falta de sensibilidad para que nos resulte “imposible” sentir y podamos ser capaces de sensibilizarnos de las necesidades de los demás.
Dios quiere que seamos más sensibles a los sentimientos y a las necesidades de los demás y menos sensibles a las propias. Él anhela que nosotros nos rindamos en sus brazos y dejemos que sea Él quien cuide de nosotros, mientras que practicamos comportarnos apacible, sensible y compasivamente para con los demás.
En calidad de creyente, no nos debemos dejarnos dominar por las emociones, SINO QUE ESTAS NOS LLEVEN A ACTUAR CON COMPASIÓN Y COMPRENSIÓN para los necesitados, igual que lo hace el “Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:3 y 4).
¿Sentimientos o decisión? “Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caía hasta la tierra” (Lucas 22:44).
Recuerde que los sentimientos forman parte del alma, que se dice está compuesta por la mente, la voluntad y las emociones.
Cuando nacemos de nuevo, no se nos prohíbe pensar, sino que se nos dice que hay que aprender a pensar de una manera nueva.
Cuando nacemos de nuevo no se nos prohíbe tomar decisiones, ni dejar a un lado nuestros deseos, sino rendirle a Dios nuestra voluntad y decidir a favor de actuar según sus deseos bajo la guía del Espíritu Santo.
Lo mismo sucede con las emociones. Cuando nacemos de nuevo no se nos prohíbe “sentir”, sino que debemos aprender cómo expresar esos sentimientos como corresponde. Jesús no “sentía ganas” de ir a la cruz, pero se resistió a esos sentimientos. Sujetó sus emociones a la voluntad del Padre.
En el Huerto de Getsemaní había en el alma de Jesús una pugna interna, donde se resistía a la tentación de hacer lo que “sentía” en vez de lo que sabía que era la voluntad de Dios para Él.
Cómo poner a prueba las emociones “Dios justo, que examinas los pensamientos y los sentimientos más profundos,
¡pon fin a la maldad de los malvados, pero al hombre honrado manténlo firme! (Salmo 7:9).
En este pasaje, y también en Apocalipsis 2:23, “…yo soy el que escudriña la mente y el corazón…”, leemos que Dios pone a prueba las emociones. ¿Qué significa “poner a prueba” en este contexto? Según el idioma hebreo, significa probar hasta purificar.
Recuerde que la Biblia dice que Dios “no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podamos soportar” (1 Corintios 10:13). Si el Señor no permite que pasemos por el momento de la prueba, jamás aprenderemos cómo hacerle frente a Satanás cuando sea él quien nos traiga la prueba, cosa que sucederá tarde o temprano.
Los tiempos de prueba son tiempos de instrucción.
Las emociones y la fatiga “Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres” (1 Reyes 19:4).
Con frecuencia he escuchado que luego de que una persona experimenta una fuerte emoción positiva, por lo general se va a pique con una fuerte emoción negativa.
Esto fue lo que sucedió en la vida del profeta Elías en 1 reyes. Un día está en el Monte Carmelo, riéndose de los profetas de Baal, invocando fuego del cielo, en un momento de emotividad extrema. Al día siguiente está en el desierto sentado bajo un enebro pidiéndole a Dios que lo mate por la depresión que tiene.
Una vez que regresé a casa luego de uno de esos viajes durante los cuales ministro, no lograba comprender qué me pasaba. Caminaba por la casa reprendiendo a Satanás, cuando el verdadero problema era que estaba, física, mental, y emocionalmente exhausta. Al igual que Elías en el desierto, no necesitaba pelear al enemigo, sino descansar y recuperarme.
Cuando uno se ve en ese estado, no haga lo que Elías, quien comenzó a autocriticarse. No empiece a pensar que es un miserable. No se queje y murmure diciendo lo feliz que se sentía ayer y lo horrible que se siente hoy.
¿Sabe qué hago cuando me pongo así? Digo, “Señor, en este momento me siento deprimida, así que voy a tener que descansar y ayudar a reponerme a mí misma. Voy a pasar tiempo contigo, Señor, y permitir que me fortalezcas”.
La ManiacoDepresión El término utilizado en la psicología para describir a la persona que va de un extremo emocional al otro es “maníaco-depresivo”.
Durante una de nuestras reuniones una joven me comentó que su marido era maníacodepresivo. Dijo que por tres meses vivía una fuerte emoción positiva, una subida emocional, y era en extremo creativo. Con su negocio hacía compraventas, invertía grandes sumas de dinero, y tenía un éxito increíble. Cuando venía de bajada ¡se sumía en una depresión que podía llegar a durar hasta seis meses!
Hubo un tiempo en que el tratamiento médico de esta condición consistía en intentar sacar a los maníacodepresivos de su estado depresivo. Cuando vivían en un estado en extremo optimistas, no recibían tratamiento alguno. Según un artículo que leí hace poco, han descubierto ahora que también deben intentar menguar ese estado de exaltación emocional. La clave estriba en el equilibrio.
Siempre hemos aplaudido las emociones optimistas y criticado las depresivas, más, de hecho, ambos extremos son nocivos.
La mayoría de nosotros jamás tendrá que lidiar con la maníacodepresión, pero sí podemos aprender un principio del tratamiento que se les suministra y podemos comprender que no basta sencillamente con resistir la depresión, sino también un estado de exaltación emocional de un grado tal que nos deje exhaustos y nos hace presa fácil del diablo.
Ninguno de nosotros puede vivir permanentemente en la cima de la montaña. Va a haber días en que nos vamos a sentir mejor; y otros, peor. Las emociones son traicioneras, fluctúan a menudo y sin razón de ser. Lo que tenemos que aprender es cómo ejercer el dominio a ambos extremos.
Algo que resulta importante para mantener una salud emocional equilibrada es la honestidad consigo mismo y para con los demás. Las personas que nos conocen de cerca pueden sentir cuando estamos luchando con las emociones. Me he dado cuenta que lo mejor para mí y para mi familia es ser honesta con ellos acerca de lo que me está ocurriendo. En los momentos que siento que me estoy sumiendo en la ira, la depresión o alguna otra emoción negativa, le comento a mi familia, “Hoy las emociones me están jugando una mala pasada…”.
Es necesario que recordemos que lo que nosotros escondemos tiene poder sobre nosotros, pero cuando sacamos a luz lo que está oculto, de inmediato pierden su influencia. Juan 8:32 nos enseña que la verdad nos hará libres. Santiago 5:16 nos alienta a confesar nuestras ofensas los unos a los otros para que seamos sanados y recobremos la paz espiritual en nuestra mente y nuestro corazón.
Descubrí que si intentaba proteger mi reputación espiritual pretendiendo que no me pasaba nada, lo único que hacía era traer confusión a toda mi familia. Podían llegar a imaginarse que tenía motivo para estar enojada con ellos. Entonces se angustiaban, intentando analizar qué podrían haber hecho para hacerme sentir mal. Era muchísimo mejor para todos si sencillamente les decía la verdad.
Cuando nos sentimos mal emocionalmente tenemos la tendencia a decir cosas de las que luego nos arrepentimos. Tenemos una responsabilidad para con nuestros familiares y las amistades íntimas de dejarles saber lo que nos sucede en vez de perder tiempo dejando que tengan que adivinarlo.
Al tomar este tipo de medida impedimos que el enemigo pueda colocar en los demás pensamientos negativos acerca de la situación.
La gente lo respeta a uno si uno es abierto y anda sin rodeos. Esta verdad la aprendí tratando con mi familia, y nos ha evitado de sufrir muchísima ansiedad.
Recuerde que el diablo usa las emociones para hacer que nos sintamos culpables y condenados, pero Dios a menudo se sirve de ellas para probarnos para que salgamos de nuestro subibaja emocional fortalecidos y mejor capacitados que nunca para ejercer dominio propio.
La clave está en aprender a no ceder ni a ser esclavo de las emociones. Pasé muchos años meciéndome en el subibaja emocional, pero ahora gozo de gran estabilidad. Dios nos ayuda conforme seguimos confiando en Él y siguiendo la guía del Espíritu Santo.
El precio que se paga cuando se es esclavo de las emociones “Y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:8).
La Biblia claramente enseña que la carne es contraria al Espíritu, y viceversa. Viven en pugna continua, lo que quiere decir que no podemos dejarnos llevar por nuestras emociones y al mismo tiempo por el Espíritu Santo, así que tenemos que tomar una decisión.
Ahora, cuando la Biblia dice que los que se ocupan de la carne no pueden complacer ni agradar a Dios ni ser aceptos ante Él, no está diciendo que Dios no los ame.
Usted y yo podemos encontrarnos en medio de un ataque de nervios, pero ello no significa que nuestro Padre no nos siga amando. El hecho de que tengamos trastornos emocionales no significa que no vamos a poder entrar al cielo. Sólo quiere decir que a Dios no le complace nuestro estilo de vida ¿Por qué? Porque lo coloca a Él en una situación donde le resulta imposible ayudarnos como le gustaría hacerlo.
Cuando el apóstol Pablo dice que Dios no siente agrado por los que se ocupan de la carne en vez de su Espíritu, creo que lo que Pablo quiere decir es que Dios no puede depositar en ellos la confianza necesaria para darles lo mejor que tiene para ellos.
Impulsos ordinarios “Porque aún sois carnales, pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3:3).
En su epístola a la iglesia de Corintio, el apóstol Pablo los llamó carnales porque no vivían según el Espíritu de Dios, sino según su propia naturaleza humana, la que estaba bajo el control de impulsos ordinarios.
Note que Pablo no dijo que estas personas eran carnales debido a que tenían impulsos ordinarios, sino porque estaba “bajo el control” de los mismos. En vez de controlar los impulsos, permitían que los impulsos se apoderaran de ellos.
Yo defino la palabra “impulso” como un sentir urgente que compele a una persona a tomar acción, o que es una tendencia inherente e irracional. Me parece que una persona impulsiva es la que tiende a actuar en base a las emociones, en vez de en base a la lógica o la sabiduría.
Con frecuencia oímos que la gente compra algo por impulso, lo que, claro está, se refiere a comprar algo sin considerar la compra cuidadosamente.
Pablo dice que ser impulsivo, dejarse llevar por los impulsos ordinarios en vez de seguir al Espíritu Santo de Dios, nos lleva a todo tipo de mal, tal como los celos, las contiendas y las disensiones, en breve, todo lo que causa que entre nosotros haya divisiones y fraccionamientos.
Las emociones como enemigo Watchman Nee hace dos comentarios acerca de las emociones en su libro “El hombre espiritual”: 1) “Las emociones pueden muy bien constituirse en el enemigo más formidable al que tenga que hacer frente el hombre espiritual” y 2)”Por lo tanto, el que vive fundamentado en las emociones vive carente de principios”.
Lo que expresaba es lo mismo que Pablo expresa en este pasaje. No podemos ser espirituales, o sea, vivir en el Espíritu y dejarnos llevar por las emociones.
Es imposible prescindir completamente de las emociones, mas sí podemos aprender a dominarlas. Todos tenemos emociones, y debemos hacerles frente, ¡pero de ninguna manera podemos confiar en ellas!
Satanás se sirve más de nuestras emociones que de ninguna otra artimaña para contrariarnos e impedir que caminemos en el Espíritu.
Sabemos que el campo de batalla es en la mente, el lugar donde luchan el Espíritu y el alma. He leído que cuando las emociones son pujantes, la mente es engañada y a la consciencia se le priva de juicio normal.
A menudo me preguntan ¿Cómo puedo saber cuál es la voz de Dios y cuál la de mis emociones?
Considero que la respuesta está en aprender a esperar. Las emociones exigen que actuemos de inmediato. Nos dicen que hay que hacer algo, ¡y hay que hacerlo ahora! Pero la sabiduría de Dios nos dice que debemos esperar hasta tener un panorama claro de lo que debemos hacer y cuando.
Lo que debemos hacer es desarrollar la capacidad de distanciarnos de la situación y mirarla desde la perspectiva divina. Es necesario que podamos tomar decisiones fundamentadas en lo que “sabemos” y no en cómo nos “sentimos”.
Muchas veces decimos, “Bueno, si “siento” que Dios quiere que haga esto o aquello”. En realidad, lo que queremos decir es que sentimos en nuestro espíritu que el Señor nos está diciendo que hagamos o no tal cosa. No estamos hablando de actuar en base a nuestras propias emociones, sino por medio de lo que percibimos espiritualmente que es la voluntad de Dios para nosotros en una determinada situación.
Cada vez que nos enfrentamos a una decisión, tenemos que plantearnos la pregunta: “¿Estoy tomando esta decisión según mis sentimientos, o según la voluntad de Dios?”
RECUERDE: CONTROLE SUS EMOCIONES, NO PERMITA QUE ELLAS LO DOMINEN A USTED !