domingo 17 de enero de 2010

-"Controlando sus Emociones", libro de Joyce Meyer."Introducción"


Muchos de los pensamientos contenidos en este libro fueron presentados originalmente en series de seminarios que enseñé acerca de las emociones, la salud emocional y la sanidad.
Durante estas reuniones le aclaré bien al público que el propósito de la presentación no era la de enseñarles cómo deshacerse de las emociones, sino cómo ejercer dominio sobre ellas.
Al igual que les mencioné a ellos, nadie jamás llegará al punto de no tener emoción alguna. Nadie logrará jamás llegar a un punto en su vida en que no experimente gran variedad de emociones.

La Biblia dice en cuanto a una de ellas: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo…” (Efesios 4:26).
Similar a la función que cumple el dolor, el enojo existe para alertarnos de que algo anda mal.
A menudo este tipo de enojo es una herida de nuestra niñez que quedó mal cicatrizada. En tal caso, lo que hay que hacer no necesariamente es deshacerse del enojo, sino llegar a la raíz de lo que hace que salga a la superficie y continúe causando problemas a pesar del paso de los años.

Debemos recordar que somos seres humanos y venimos dotados de ciertos sentimientos y emociones, tal como el enojo, que Dios nos ha dado con un motivo especial. Nuestro deber no es tanto el de intentar deshacerse de dichas emociones, sino el de aprender cómo dominarlas.

Sencillamente quiere decir que usted es un ser humano y está sujeto a las mismas emociones y reacciones que sienten otros seres humanos. Lo importante es cómo usted les hace frente a las emociones.
Mas bien tenemos que aprender a ventilarlos y expresarlos como corresponde, con la persona adecuada y de la manera adecuada.

Romanos 6:2 nos dice que si somos cristianos hemos muerto al pecado, mas ¡no dice que el pecado esté muerto! Aún hoy el pecado se presenta primero en forma de tentación, y entonces, si cedemos a ella, se torna en un verdadero problema. Le recomiendo leer en su totalidad el sexto capítulo de la Epístola a los Romanos. Si lo hace, se dará cuenta de que lo que se nos manda a hacer es resistir el pecado por medio del poder del Espíritu Santo. No nos dice que nunca “sentiremos” algo, sino que no debemos seguir ofreciendo nuestros cuerpos como instrumentos al pecado.
Resulta importante recordar que las emociones no desaparecerán para no volver jamás. Siempre existirán. No debemos negar su existencia ni sentirnos culpables por ellas, sino que debemos canalizar en la dirección correcta. Tenemos que negarle a la carne el derecho a dominarnos, pero no debemos negar su existencia.
Como veremos más adelante, la Biblia nos enseña que debemos ser bien equilibrados. A menudo nuestro problema estriba en que tenemos la tendencia de irnos de un extremo al otro. O intentamos no sentir emoción alguna, o damos rienda suelta a toda emoción que sintamos, sea correcto o no hacerlo. Parece que la mayoría de las personas o son muy emocionales o carecen de emoción alguna. Lo que realmente se necesita es un equilibrio, la habilidad de demostrar las emociones cuando éstas son positivas y de ayuda, y también dominarlas cuando son negativas y destruyen.
Cuando hay algo en nuestra vida que hace que nos sintamos enojados y frustrados, a menudo descargamos estas emociones en los demás, por lo general en nuestros seres más próximos. El problema no es tanto nuestros sentimientos de enojo y frustración, sino el que no podamos dominarlos.
Ejemplo adicional sería la paciencia, o la falta de la misma.
Sin embargo, mientras más leo acerca de Jesús y su mansedumbre, su humildad, su gentileza y su paciencia, mayor es mi anhelo por no dejarme dominar por mi impaciencia. Es por ello que llevo bastante tiempo cooperando con el Espíritu Santo para que ese sentimiento o emoción llegue a un equilibrio justo.
Lo más importante es comprender qué son las emociones y reconocer que las tenemos porque es Dios quien nos las ha dado. Entonces debemos empezar a encararnos a ellas en vez de solo ventilarlas y como resultado tener sentimientos de culpabilidad y condenación.
Servimos a un Dios que se place con el más mínimo paso que nosotros, los que creemos en Jesucristo, demos para acercarnos a Él. No es difícil complacer a Dios. Él no espera que nosotros seamos completamente perfectos, sólo que sigamos acercándonos a Él y creyendo en Él, permitiéndole obrar en nosotros hasta que nos pueda conformar a Su voluntad y en Sus caminos.

El mensaje de estas páginas es sencillo: Las emociones no tienen nada de malo, siempre y cuando estén bajo control. El Señor me guió a escribir este libro para que usted aprenda a cómo controlar sus emociones.

domingo 10 de enero de 2010

-"Controlando sus Emociones". Libro de "Joyce Meyer". Cap.1:"Cómo evitar dejarse llevar por las emociones".



La palabra “emociones” goza de varios significados. Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), su raíz viene del latín “emotio” y “emotionis”, que significa “estado de ánimo producido por impresiones y los sentidos, ideas o recuerdos que con frecuencia se traduce en gestos, actitudes u otras formas de expresión”. También del latín “exmovere”, que significa alejarse.
Me resulta muy interesante esa definición debido a que justamente eso es lo que las emociones carnales sin crucificar intentan lograr, hacer que las sigamos a ellas y así alejarnos de o salirnos de la voluntad de Dios.
De hecho, ese es el plan de Satanás para nuestras vidas, el de hacer que vivamos en base a nuestros sentimientos carnales para que nunca caminemos en el Espíritu.
El DRAE también indica que las “emociones” son un “estado de ánimo caracterizado por una conmoción orgánica consiguiente a impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos”. Es cierto, debido a que son muy complicadas, que no es fácil expresarlas, lo que a veces hace que enfrentarnos a ellas nos resulte difícil.
Por ejemplo, hay ocasiones en que el Espíritu Santo nos está guiando a hacer algo, y nuestras emociones toman parte de ello, así que nos emocionamos mucho por lo que vamos a hacer. El apoyo emocional nos ayuda a sentir que Dios realmente desea que logremos ese algo. Percibimos que el apoyo emocional se constituye en una confirmación de la voluntad divina.
En otras ocasiones, puede que el Espíritu Santo nos guíe a tomar una acción específica, pero nuestras emociones no quieren enredarse en lo que Dios nos está revelando y pidiendo que hagamos, o sea, no nos apoyan para nada.
Es en esos momentos que se nos hace más difícil obedecer a Dios. Dependemos sobremanera en el apoyo emocional. Si no comprendemos cuan voluble e inconstante es la naturaleza de las emociones, Satanás puede servirse de ellas, o de su carencia, para mantenernos fuera de la voluntad de Dios. Creo firmemente que nadie jamás caminará dentro de la voluntad de Dios, y por consiguiente, en victoria, si se deja dominar por sus emociones.

La persona que se deja llevar por las emociones

Una persona que se deja llevar por las emociones es alguien que se ve fácilmente afectado o tocado por las emociones. Es bueno que aprendamos a conocernos a nosotros mismos y a nuestra personalidad. Algunos se dejan llevar más por las emociones que otros, y estar consciente de ello puede evitar muchos dolores de cabeza y sufrimientos.
Aún si no caemos dentro de la categoría de ser una persona “emocional”, cada uno de nosotros siente emociones y corre peligro de dejarse arrastrar por ellas. Quizás una mañana uno se despierte sintiéndose deprimido y sigue así el día entero.
Al día siguiente quizás uno se levanta enojado, teniendo ganas de desquitarse con alguien, y a la larga, es eso justamente lo que hacemos. En otras ocasiones a lo mejor uno se levanta sintiendo lástima por sí mismo y va y se sienta en un rincón y llora todo el día.
Hay que aprender a estar conscientes de las emociones que uno siente y saber cómo dominarlas como es debido. Una manera de hacerlo es reconociendo los distintos tipos de personalidades y cómo reaccionan de maneras diferentes ante situaciones similares.

Como verá, cómo reaccionamos usted y yo ante las emociones depende hasta cierto punto de la categoría en la cual caemos: colérica, flemática, optimista o melancólica. La mayoría de nosotros es una combinación de dos o más personalidades.
Realmente sirve de ayuda conocerse a sí mismo. Recuerde siempre que podemos aprender a dominar nuestras debilidades por medio del poder del Espíritu Santo y, al hacerlo, nos convertimos en individuos equilibrados que no pueden ser dominados por Satanás.

Emoción

Según el DRAE, el término emoción significa: “estado de ánimo producido por impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos que con frecuencia se traduce en gestos, actitudes u otras formas de expresión”. Emocionable significa: “emotivo, muy sensible a las emociones”.
La persona emocionable es alguien cuya conducta se rige por las emociones, en vez de por la razón.
A los que asisten al seminario que dicto acerca de este tema siempre les asigno de leer el libro de Proverbios buscando todos los versículos que comparan los sentimientos o las emociones con la sabiduría.
Al llevarlo a cabo, por lo general aprenden que una de las diferencias entre la sabiduría y la emoción es el tiempo o el momento en que se expresa.
La sabiduría siempre espera actuar hasta el momento adecuado, mientras que la emoción siempre quiere actuar ¡ahora mismo! Dejarse llevar por las emociones es imprudente, clama por una acción inmediata. Por el contrario, la sabiduría tranquilamente piensa en cómo una decisión afectará el futuro. Las emociones sólo se preocupan por el momento, por el hoy.
¿Cuántas veces ha dicho o hecho algo arrastrado por las emociones, para luego sentir un profundo arrepentimiento por haber actuado tan locamente?
- ¡Ay, si tan sólo me hubiera callado la boca!
ES INCREÍBLE EL DAÑO TAN GRAVE QUE PUEDE OCASIONAR EN UNA RELACIÓN UN SOLO ARRANQUE EMOCIONAL.

Cómo batallar contra las emociones

Al principio no le resultará fácil controlar sus emociones. Nunca lo es. Cuando usted y yo intentamos romper un mal hábito, siempre tendremos una lucha entre manos. Es necesario que batallemos en nuestro interior clamando a Dios.

Me he dado cuenta que si dependo de mi carne solamente, sirviéndome únicamente de la voluntad propia y la determinación, que fracaso cada vez. Más si tomo la decisión firme de resistir a la tentación clamando el poder del Espíritu Santo, encuentro la fortaleza que necesito.
He descubierto que el Señor no lo hace todo por uno en esta vida. No basta sólo buscar a alguien que nos imponga manos y ore para que seamos libres de todas nuestras ataduras. Nuestra mente y nuestra voluntad tienen un papel que jugar. Para el éxito hace falta una combinación de fe impulsada por la acción.
En Proverbios 4:7 el autor nos dice: “Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia”. En otras palabras, tenemos que poder ver más allá de las mentiras que Satanás nos pone en la mente y los sentimientos que hace que surjan en nuestro interior. Es necesario fijar los ojos en la Palabra de Dios y actuar sobre lo que dice, no sobre lo que el enemigo hace que sintamos que queremos hacer.
Si usted desea ser alguien que está comprometido de veras con la Palabra de Dios, tendrá que aprender a dejarse llevar por el Espíritu Santo, y no por las emociones.
Cada vez que surge en mí una emoción o un sentimiento, lo pongo a prueba para ver si concuerda con la Palabra de Dios.
Esta es la forma en que batallamos en contra de nuestras emociones, haciendo uso de la voluntad para tomar la decisión de seguir la Palabra de Dios y no a nuestros sentimientos.

Carente de emociones

Alguien que carece de emociones es alguien a quien le es imposible demostrar sus emociones, alguien que siente poca o ninguna emoción.
Si una persona ha sido maltratada en el pasado, a menudo desarrolla una dureza interna, una muralla protectora. Puede que tenga los mismos sentimientos que los demás, pero les resulta imposible expresarlos. A veces las heridas son tan profundas que se tornan insensibles por completo, no son capaces de sentir nada. En ambos casos, es necesaria una sanidad genuina.

Dios nos ha dado los sentimientos para que cumplan un propósito específico y para que nos sirvamos de ellos en nuestra relación con Él.

Jesús y las emociones

“Porque no tenemos un nuevo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).

Según éste versículo, Jesús vivió y sufrió cada emoción y sentimiento, al igual que nosotros, más sin embargo, lo hizo sin pecar. ¿Cómo es que evitó pecar? Porque no cedió ante los sentimientos mal ubicados. Tenía conocimiento de lo que dice la Palabra de Dios respecto a enfrentar cada aspecto de la vida porque se pasó años estudiándola antes de comenzar su ministerio.
En Lucas 2:40 la Biblia dice que cuando era niño, Jesús “…crecía y se fortalecía y se llenaba de sabiduría…” de manera que a los doce años pensó que ya tenía la edad suficiente como para ir al templo en Jerusalén y “andar en los negocios de mi (su) Padre” (Lucas 2:41-52). Más le faltaban aún varios años de aprendizaje antes de entrar al ministerio tiempo completo.
Usted y yo jamás podremos decir que no a nuestros sentimientos si no llevamos en nuestro interior un conocimiento profundo de la Palabra de Dios. Jesús tenía los mismos sentimientos que nosotros, más nunca pecó porque nunca cedió a ellos.
Si alguien me hiere y me siento mal o enojado, mi mayor consuelo está en levantar mi rostro, mis manos y mi voz al cielo y decirle al Señor, “Jesús, qué alegría que me da el que Tú comprendas lo que estoy sintiendo en este preciso instante y que no me condenas por sentirme de esta manera. Señor, no quiero dar rienda suelta a mis emociones, ayúdame a sobreponerme a ellas y a perdonar a los que me han hecho daño; a no despreciarlos, evitarlos ni vengarme por el mal que me han hecho. Ayúdame a no vivir con sentimientos de culpa y condenación que me hacen pensar que no debería sentirme como me siento”.
No se trata tan sólo de pensar: “No me debería sentir así”. Es cuestión de clamar a Dios y actuar según el fruto del Espíritu Santo que se llama templanza, que quiere decir, dominio propio (Gálatas 5:23).
No es necesario que usted y yo tengamos sentimientos de culpa ni nos sintamos condenados debido a que tenemos malos sentimientos. Jesús nos comprende. Su mayor preocupación es que maduremos hasta ser como Él: humilde, apacible, manso y tierno. Anhela que crezcamos en compasión, entendimiento y dulzura de corazón.
En mi niñez tuve heridas muy profundas, y como resultado desarrollé una dureza interior y unos muros protectores formidables, como los que mencioné anteriormente. Mi interior se tornó áspero e insensible. Más aprendí, y aún sigo aprendiendo, que toda personalidad, no importan las heridas pasadas o presentes, puede proyectarse con ternura, dulzura y suavidad.
A pesar de lo que hayamos vivido en el pasado, o lo que sintamos en la actualidad, es necesario que seamos compasivos con los demás. Debemos gozarnos con los que se gozan y llorar con los que lloran (Romanos 12:15).
Una de las cosas que Jesús impartía a las personas antes, y en la actualidad, y que nosotros tenemos que impartir a los demás, es comprensión, en lugar de dureza.
A pesar de lo que alguien haya hecho o dejado de hacer que nos haya afectado, el mensaje que les debemos dar es: “Comprendo lo que estás pasando. Comprendo cómo te sientes. Pero permite que te declare lo que dice la Palabra de Dios. No tienes por qué quedarte de esa manera. Es posible cambiar”. El que ha sido herido, hiere, más el amor puede sanar y cambiarlos.
Resulta obvio lo que Satanás se propone. Quiere que desarrollemos en nuestro interior una dureza y una falta de sensibilidad para que nos resulte “imposible” sentir y podamos ser capaces de sensibilizarnos de las necesidades de los demás.
Dios quiere que seamos más sensibles a los sentimientos y a las necesidades de los demás y menos sensibles a las propias. Él anhela que nosotros nos rindamos en sus brazos y dejemos que sea Él quien cuide de nosotros, mientras que practicamos comportarnos apacible, sensible y compasivamente para con los demás.
En calidad de creyente, no nos debemos dejarnos dominar por las emociones, SINO QUE ESTAS NOS LLEVEN A ACTUAR CON COMPASIÓN Y COMPRENSIÓN para los necesitados, igual que lo hace el “Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:3 y 4).

¿Sentimientos o decisión?

“Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caía hasta la tierra” (Lucas 22:44).

Recuerde que los sentimientos forman parte del alma, que se dice está compuesta por la mente, la voluntad y las emociones.
Cuando nacemos de nuevo, no se nos prohíbe pensar, sino que se nos dice que hay que aprender a pensar de una manera nueva.
Cuando nacemos de nuevo no se nos prohíbe tomar decisiones, ni dejar a un lado nuestros deseos, sino rendirle a Dios nuestra voluntad y decidir a favor de actuar según sus deseos bajo la guía del Espíritu Santo.
Lo mismo sucede con las emociones. Cuando nacemos de nuevo no se nos prohíbe “sentir”, sino que debemos aprender cómo expresar esos sentimientos como corresponde. Jesús no “sentía ganas” de ir a la cruz, pero se resistió a esos sentimientos. Sujetó sus emociones a la voluntad del Padre.
En el Huerto de Getsemaní había en el alma de Jesús una pugna interna, donde se resistía a la tentación de hacer lo que “sentía” en vez de lo que sabía que era la voluntad de Dios para Él.

Cómo poner a prueba las emociones

“Dios justo, que examinas los pensamientos y los sentimientos más profundos,
¡pon fin a la maldad de los malvados, pero al hombre honrado manténlo firme! (Salmo 7:9).

En este pasaje, y también en Apocalipsis 2:23, “…yo soy el que escudriña la mente y el corazón…”, leemos que Dios pone a prueba las emociones. ¿Qué significa “poner a prueba” en este contexto? Según el idioma hebreo, significa probar hasta purificar.

Recuerde que la Biblia dice que Dios “no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podamos soportar” (1 Corintios 10:13). Si el Señor no permite que pasemos por el momento de la prueba, jamás aprenderemos cómo hacerle frente a Satanás cuando sea él quien nos traiga la prueba, cosa que sucederá tarde o temprano.
Los tiempos de prueba son tiempos de instrucción.

Las emociones y la fatiga

“Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres” (1 Reyes 19:4).

Con frecuencia he escuchado que luego de que una persona experimenta una fuerte emoción positiva, por lo general se va a pique con una fuerte emoción negativa.
Esto fue lo que sucedió en la vida del profeta Elías en 1 reyes. Un día está en el Monte Carmelo, riéndose de los profetas de Baal, invocando fuego del cielo, en un momento de emotividad extrema. Al día siguiente está en el desierto sentado bajo un enebro pidiéndole a Dios que lo mate por la depresión que tiene.

Una vez que regresé a casa luego de uno de esos viajes durante los cuales ministro, no lograba comprender qué me pasaba. Caminaba por la casa reprendiendo a Satanás, cuando el verdadero problema era que estaba, física, mental, y emocionalmente exhausta. Al igual que Elías en el desierto, no necesitaba pelear al enemigo, sino descansar y recuperarme.
Cuando uno se ve en ese estado, no haga lo que Elías, quien comenzó a autocriticarse. No empiece a pensar que es un miserable. No se queje y murmure diciendo lo feliz que se sentía ayer y lo horrible que se siente hoy.
¿Sabe qué hago cuando me pongo así? Digo, “Señor, en este momento me siento deprimida, así que voy a tener que descansar y ayudar a reponerme a mí misma. Voy a pasar tiempo contigo, Señor, y permitir que me fortalezcas”.

La ManiacoDepresión

El término utilizado en la psicología para describir a la persona que va de un extremo emocional al otro es “maníaco-depresivo”.
Durante una de nuestras reuniones una joven me comentó que su marido era maníacodepresivo. Dijo que por tres meses vivía una fuerte emoción positiva, una subida emocional, y era en extremo creativo. Con su negocio hacía compraventas, invertía grandes sumas de dinero, y tenía un éxito increíble. Cuando venía de bajada ¡se sumía en una depresión que podía llegar a durar hasta seis meses!
Hubo un tiempo en que el tratamiento médico de esta condición consistía en intentar sacar a los maníacodepresivos de su estado depresivo. Cuando vivían en un estado en extremo optimistas, no recibían tratamiento alguno. Según un artículo que leí hace poco, han descubierto ahora que también deben intentar menguar ese estado de exaltación emocional. La clave estriba en el equilibrio.
Siempre hemos aplaudido las emociones optimistas y criticado las depresivas, más, de hecho, ambos extremos son nocivos.
La mayoría de nosotros jamás tendrá que lidiar con la maníacodepresión, pero sí podemos aprender un principio del tratamiento que se les suministra y podemos comprender que no basta sencillamente con resistir la depresión, sino también un estado de exaltación emocional de un grado tal que nos deje exhaustos y nos hace presa fácil del diablo.
Ninguno de nosotros puede vivir permanentemente en la cima de la montaña. Va a haber días en que nos vamos a sentir mejor; y otros, peor. Las emociones son traicioneras, fluctúan a menudo y sin razón de ser. Lo que tenemos que aprender es cómo ejercer el dominio a ambos extremos.
Algo que resulta importante para mantener una salud emocional equilibrada es la honestidad consigo mismo y para con los demás. Las personas que nos conocen de cerca pueden sentir cuando estamos luchando con las emociones. Me he dado cuenta que lo mejor para mí y para mi familia es ser honesta con ellos acerca de lo que me está ocurriendo. En los momentos que siento que me estoy sumiendo en la ira, la depresión o alguna otra emoción negativa, le comento a mi familia, “Hoy las emociones me están jugando una mala pasada…”.
Es necesario que recordemos que lo que nosotros escondemos tiene poder sobre nosotros, pero cuando sacamos a luz lo que está oculto, de inmediato pierden su influencia. Juan 8:32 nos enseña que la verdad nos hará libres. Santiago 5:16 nos alienta a confesar nuestras ofensas los unos a los otros para que seamos sanados y recobremos la paz espiritual en nuestra mente y nuestro corazón.
Descubrí que si intentaba proteger mi reputación espiritual pretendiendo que no me pasaba nada, lo único que hacía era traer confusión a toda mi familia. Podían llegar a imaginarse que tenía motivo para estar enojada con ellos. Entonces se angustiaban, intentando analizar qué podrían haber hecho para hacerme sentir mal. Era muchísimo mejor para todos si sencillamente les decía la verdad.

Cuando nos sentimos mal emocionalmente tenemos la tendencia a decir cosas de las que luego nos arrepentimos. Tenemos una responsabilidad para con nuestros familiares y las amistades íntimas de dejarles saber lo que nos sucede en vez de perder tiempo dejando que tengan que adivinarlo.

Al tomar este tipo de medida impedimos que el enemigo pueda colocar en los demás pensamientos negativos acerca de la situación.
La gente lo respeta a uno si uno es abierto y anda sin rodeos. Esta verdad la aprendí tratando con mi familia, y nos ha evitado de sufrir muchísima ansiedad.
Recuerde que el diablo usa las emociones para hacer que nos sintamos culpables y condenados, pero Dios a menudo se sirve de ellas para probarnos para que salgamos de nuestro subibaja emocional fortalecidos y mejor capacitados que nunca para ejercer dominio propio.
La clave está en aprender a no ceder ni a ser esclavo de las emociones. Pasé muchos años meciéndome en el subibaja emocional, pero ahora gozo de gran estabilidad. Dios nos ayuda conforme seguimos confiando en Él y siguiendo la guía del Espíritu Santo.

El precio que se paga cuando se es esclavo de las emociones

“Y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:8).

La Biblia claramente enseña que la carne es contraria al Espíritu, y viceversa. Viven en pugna continua, lo que quiere decir que no podemos dejarnos llevar por nuestras emociones y al mismo tiempo por el Espíritu Santo, así que tenemos que tomar una decisión.
Ahora, cuando la Biblia dice que los que se ocupan de la carne no pueden complacer ni agradar a Dios ni ser aceptos ante Él, no está diciendo que Dios no los ame.
Usted y yo podemos encontrarnos en medio de un ataque de nervios, pero ello no significa que nuestro Padre no nos siga amando. El hecho de que tengamos trastornos emocionales no significa que no vamos a poder entrar al cielo. Sólo quiere decir que a Dios no le complace nuestro estilo de vida ¿Por qué? Porque lo coloca a Él en una situación donde le resulta imposible ayudarnos como le gustaría hacerlo.

Cuando el apóstol Pablo dice que Dios no siente agrado por los que se ocupan de la carne en vez de su Espíritu, creo que lo que Pablo quiere decir es que Dios no puede depositar en ellos la confianza necesaria para darles lo mejor que tiene para ellos.

Impulsos ordinarios

“Porque aún sois carnales, pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3:3).

En su epístola a la iglesia de Corintio, el apóstol Pablo los llamó carnales porque no vivían según el Espíritu de Dios, sino según su propia naturaleza humana, la que estaba bajo el control de impulsos ordinarios.
Note que Pablo no dijo que estas personas eran carnales debido a que tenían impulsos ordinarios, sino porque estaba “bajo el control” de los mismos. En vez de controlar los impulsos, permitían que los impulsos se apoderaran de ellos.
Yo defino la palabra “impulso” como un sentir urgente que compele a una persona a tomar acción, o que es una tendencia inherente e irracional. Me parece que una persona impulsiva es la que tiende a actuar en base a las emociones, en vez de en base a la lógica o la sabiduría.
Con frecuencia oímos que la gente compra algo por impulso, lo que, claro está, se refiere a comprar algo sin considerar la compra cuidadosamente.
Pablo dice que ser impulsivo, dejarse llevar por los impulsos ordinarios en vez de seguir al Espíritu Santo de Dios, nos lleva a todo tipo de mal, tal como los celos, las contiendas y las disensiones, en breve, todo lo que causa que entre nosotros haya divisiones y fraccionamientos.

Las emociones como enemigo

Watchman Nee hace dos comentarios acerca de las emociones en su libro “El hombre espiritual”: 1) “Las emociones pueden muy bien constituirse en el enemigo más formidable al que tenga que hacer frente el hombre espiritual” y 2)”Por lo tanto, el que vive fundamentado en las emociones vive carente de principios”.
Lo que expresaba es lo mismo que Pablo expresa en este pasaje. No podemos ser espirituales, o sea, vivir en el Espíritu y dejarnos llevar por las emociones.
Es imposible prescindir completamente de las emociones, mas sí podemos aprender a dominarlas. Todos tenemos emociones, y debemos hacerles frente, ¡pero de ninguna manera podemos confiar en ellas!

Satanás se sirve más de nuestras emociones que de ninguna otra artimaña para contrariarnos e impedir que caminemos en el Espíritu.
Sabemos que el campo de batalla es en la mente, el lugar donde luchan el Espíritu y el alma. He leído que cuando las emociones son pujantes, la mente es engañada y a la consciencia se le priva de juicio normal.
A menudo me preguntan ¿Cómo puedo saber cuál es la voz de Dios y cuál la de mis emociones?
Considero que la respuesta está en aprender a esperar. Las emociones exigen que actuemos de inmediato. Nos dicen que hay que hacer algo, ¡y hay que hacerlo ahora! Pero la sabiduría de Dios nos dice que debemos esperar hasta tener un panorama claro de lo que debemos hacer y cuando.
Lo que debemos hacer es desarrollar la capacidad de distanciarnos de la situación y mirarla desde la perspectiva divina. Es necesario que podamos tomar decisiones fundamentadas en lo que “sabemos” y no en cómo nos “sentimos”.
Muchas veces decimos, “Bueno, si “siento” que Dios quiere que haga esto o aquello”. En realidad, lo que queremos decir es que sentimos en nuestro espíritu que el Señor nos está diciendo que hagamos o no tal cosa. No estamos hablando de actuar en base a nuestras propias emociones, sino por medio de lo que percibimos espiritualmente que es la voluntad de Dios para nosotros en una determinada situación.
Cada vez que nos enfrentamos a una decisión, tenemos que plantearnos la pregunta: “¿Estoy tomando esta decisión según mis sentimientos, o según la voluntad de Dios?”

RECUERDE: CONTROLE SUS EMOCIONES, NO PERMITA QUE ELLAS LO DOMINEN A USTED !

miércoles 30 de diciembre de 2009

- "Controlando sus Emociones", libro de: "Joyce Meyer". Cap. 2: "Sanidad de las heridas emocionales Parte 1".


La sanidad de las heridas emocionales es un proceso, no algo que ocurre de repente ni de la noche a la mañana. Exige que uno le dedique tiempo y obedezca a Dios.
Me he dado cuenta por experiencia propia que muchas veces uno siente que no progresa en lo absoluto. Quizás usted siente que tiene tantos problemas que no está llegando a ninguna parte.
¡Pero sí está progresando!
No se olvide de que aunque todavía le quede mucho camino por recorrer, ya ha recorrido bastante camino también. La solución está en agradecerle a Dios por lo que ya ha progresado y confiar en que a la larga Él lo llevará a la victoria, paso por paso.

PASO POR PASO

En las exposiciones que dicto acerca de este tema, me gusta mostrar un manojo de varios cabetes de colores que están todos anudados. Le digo al público, “Este es usted cuando inicia el proceso de transformación con Dios. Está todo hecho nudos. Cada nudo representa un problema diferente en su vida. Desanudar los nudos y alisar los problemas va a tomar un poco de tiempo y esfuerzo, así que no se sienta descorazonado si no se arregla todo de golpe”.

Si usted desea recibir de Dios una sanidad en sus emociones y sentirse completo en un aspecto de las mismas, debe darse cuenta que la sanidad es un proceso y tiene que permitir que el Señor lidie con usted y con sus problemas de la manera que Él quiera y cuando Él diga. El papel que usted debe desempeñar es el de cooperar con Él en cualquier aspecto con el cual Él desee lidiar primero con usted.
A lo mejor usted desea lidiar con una cosa, y puede que Dios desee comenzar con otra. Si usted sigue su propio plan, pronto aprenderá que no hay unción alguna para lidiar con ese problema. La gracia de Dios no lo va a liberar a usted fuera del tiempo de Dios.
Durante los seminarios que dicto le digo a la gente que “sentir que el Espíritu Santo lo toque durante esta reunión no quiere decir que va a salir y formular un plan de diez puntos para encarar esa situación. En primer lugar tiene que orar pidiéndole a Dios que comience a obrar en ese aspecto de su vida. Entonces tiene que cooperar con Él cuando lo haga”.
Conforme Dios trata con cada uno de nosotros sobre un área específica por vez, es posible que tarde entre una hora hasta varios años. En mi caso, el Señor obró en mí un año entero para hacerme comprender que Él me ama de verdad.

Uno de los problemas que debemos enfrentar es que en nuestra sociedad moderna, acostumbrada a obtenerla todo instantáneamente, tenemos la tendencia de saltar de una cosa a otra. Pensamos que todo se tiene que dar rápida y fácilmente. No seguimos haciéndole frente a un problema tenazmente hasta obtener la victoria en esa área.
El Señor no es así, Él nunca tiene prisa y nunca se da por vencido. Él lidia con nosotros acerca de algo en particular, y entonces nos permite descansar un tiempo, pero no demasiado. Pronto vuelve y comienza a lidiar con algo más. Vuelve de continuo hasta que, uno por uno, desata todos nuestros nudos.
A veces parece que usted no está progresando porque el Señor le va desatando los nudos de uno a uno. Puede que sea difícil y que tome tiempo, pero si usted se aferra a lo programado, tarde o temprano tendrá la victoria y vivirá en la libertad que tanto ha deseado.

Lo importante es recordar que, no importa cuánto tiempo tome, jamás se dé por vencido ni renuncie a sus sueños ¡siga adelante!.

SIGA ADELANTE

Lo más importante que Dios pide o exige de nosotros para resolver nuestros problemas es creer y seguir adelante. Estudie la Palabra de Dios y pase tiempo con Él.
¿Qué más podemos hacer?
El solo hecho de que tengamos un nudo en nuestra vida no significa que no lo podemos desatar nosotros mismos. De hecho, si no tenemos cuidado, podemos empeorarlos más. Demasiado a menudo durante nuestro propio esfuerzo por desenmarañar nuestros nudos lo único que hacemos es empeorarlo todo.
En un momento dado de mi vida me encontraba tan enredada en mis problemas y en mis inútiles esfuerzos por desenredarlos, que no servía para nada, ni para mí misma ni para los demás.
Más, una vez que aprendí a dejar que el Señor manejara los problemas y a cooperar con Él, las cosas empezaron a funcionar mucho mejor. Ahora soy libre en Jesús y puedo ayudar a los que están atados y enredados como lo estuve yo.

LOS PROBLEMAS QUE MANIFIESTAN LAS PERSONAS

Hay quienes han sufrido graves daños emocionales.
Algunas personas tienen complejos o sentimientos de inferioridad. Se odian a sí mismos a raíz de que se sienten avergonzados, se autorechazan. Hay una voz en su interior que les dice que no sirven para nada, que algo anda mal en ellos.
Otros se vuelven perfeccionistas. Siempre intentan probar que son dignos y tratando de que los amen y los acepten en base a su desempeño y rendimiento. Los perfeccionistas luchan siempre por hacerlo todo cada vez mejor con la esperanza de que alguien los amará más y los aceptará más a cambio de ello.
Aún otros se vuelven en extremo sensibles.
Yo intento rendirme completamente a Él y confiar que Él me va a hacer llegar lo que Él quiere que yo tenga.
En breve, estoy aprendiendo a no esperar que los demás suplan mis necesidades, sino a confiar en el Señor, que Él suplirá mis necesidades de la manera que Él sabe que mejor me conviene.
Resulta interesante que la persona que es en extremo sensible en cuanto a lo que los demás le hacen, con frecuencia es totalmente insensible a cómo trata a los demás. Yo era así. Era en extremo sensible y sin embargo a los demás les era difícil llevarse conmigo debido a que era muy insegura.
Muchas veces una persona es demasiado sensible porque en el pasado la han herido y, teniendo las emociones amoratadas, son mucho más sensibles a cualquier roce. Es por eso que se irritan fácilmente. Yo reaccionaba así. Al igual que muchos otros, porque durante gran parte de mi vida no recibí el amor y el cariño que necesité, así que cifraba en los demás mi felicidad. Al casarme me convertí en una persona sofocante. Debido a que se me habían negado amor y afecto, tenía la tendencia a sofocar a cualquiera que demostrara tenerme cariño o se interesara un poco por mí.

Los que temen demasiado a los demás son candidatos óptimos para caer bajo un espíritu de control. Tenemos que ser sumamente cuidadosos en este campo.
Muchas veces la persona que sufre de autoestima baja se deja dominar por alguien que promete demostrarles amor o aceptarlos. Dejan que los manipulen como títeres. Tienen miedo de cortar con las cuerdas porque temen perder la atención que reciben del que los domina. Temen a la soledad.
Hay quienes, debido a heridas emocionales, se vuelven dominantes y manipuladoras. Yo era uno de ellos.

Cuando en el pasado hemos sido lastimados, tenemos la tendencia de arrastrar esas heridas a relaciones nuevas. Una de las cosas que Dios quiere hacer por nosotros es ayudarnos a aprender cómo comportarnos en las nuevas relaciones que vamos desarrollando, en vez de arruinarlas a causa de las malas experiencias que hemos vivido en el pasado.
Está también el comportamiento adictivo: alcoholismo, drogadicción, ser adicto a la comida, y a comprar cosas, entre otras adicciones. Si usted sufre de cualquiera de estas enfermedades emocionales, Dios quiere sanarle. Quiere sanarlo para que no se sienta poca cosa, ni avergonzado, ni rechazado, ni tenga adicciones, ni sea sensible en extremo, ni tenga temor, ni trabaje arduamente para ser un perfeccionista que agrade a Dios.
Dios no exige que usted y yo seamos perfectos. Si pudiéramos serlo no habría sido necesario que Dios enviara a Jesucristo, el sacrificio perfecto, para tomar nuestro lugar.
Dios tiene la maravillosa habilidad de amarnos a pesar de nuestras imperfecciones. Desea sanarnos de nuestros temores emocionales, nuestras debilidades y adicciones. Pero para que Él lo logre, nosotros tenemos que estar dispuestos a ayudar.

ESTÉ DISPUESTO A RECIBIR AYUDA

“… Yo soy el camino…” (Juan 14:6).

Hay muchas personas que han sido heridas tan profundamente, que están clamando por ayuda. El “problema” está en que no están dispuestos a recibir la ayuda que necesitan de parte de Dios.
La “verdad” es que, no importa cuánto querramos ni necesitemos ayuda, jamás la vamos a recibir hasta que estemos dispuestos a hacer las cosas como Dios quiere.
Es increíble cuántas veces queremos ayuda, pero que Dios nos ayude a “nuestra” manera. Dios quiere que nosotros lo hagamos a “Su” manera.
En Juan 14:6 Jesús dijo, “Yo soy el camino”. Mientras preparaba este mensaje recibí un entendimiento profundo de lo que significaba esa verdad.
Lo que Jesús quiso decir con “Yo soy el camino”, es que Él tiene una cierta manera propia de hacer las cosas, y si nos sometemos a “Su” manera, a “Su” camino, todo nos saldrá bien. Más con frecuencia luchamos con Él y le llevamos la contraria, intentando que sea Él quien siga nuestro camino y nuestra manera. No funciona.

La Biblia claramente enseña que es necesario que aprendamos que tenemos que vivir en armonía y en paz con los demás y a perdonar a los que nos han hecho daño. Si nos rehusamos a hacerlo, ¿qué esperanza podremos tener de recibir lo que necesitamos?
Si no hacemos lo que podemos hacer, entonces Dios no hará lo que nosotros no podemos hacer. Si hacemos lo que sí podemos hacer, Dios hará lo que nos es imposible hacer. Es así de sencillo.
Entiendo que la única razón por la cual siempre seguimos el consejo que nos da la Palabra de Dios es debido a que a veces resulta difícil actuar según la Palabra en vez de obrar dejándonos llevar por nuestros sentimientos.

El mundo nos dice que si nos humillamos, pedimos perdón por nuestras faltas, y hacemos lo necesario para lograr la paz, que somos débiles y estamos permitiendo que los demás hagan con nosotros lo que les da la gana. Pero Dios dice que eso es mansedumbre, no debilidad. Cada vez que Dios busca utilizar a alguien, busca a una persona con mansedumbre y humildad. Sólo este tipo de persona obedece a Dios continuamente.

OBEDEZCA LA PALABRA

“Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, enganándoos a vosotros mismos…” (Santiago 1:22).

Para recibir de Dios lo que Él nos ha prometido en Su Palabra, es necesario obedecer. Sí, tenemos que recibir la Palabra, pero también tenemos que ser hacedores de ella, y no sólo oidores.
Es necesario que asistamos a estudios bíblicos y a escuchar la Palabra, pero también tenemos que salir al mundo y poner esa Palabra en práctica en nuestra vida diaria. Habrá veces en que obedecer la Palabra no será fácil, momentos en los cuales no “sentimos” ganas de hacer lo que nos dice que hagamos.
Obedecer la Palabra exige constancia y tenacidad. Es imposible obedecer al azar. No podemos cumplir con ella por un rato para ver si funciona. Tiene que haber un compromiso y una dedicación a seguir lo que dice la Palabra, sea cual fuere el resultado.
He estado haciéndole frente a esta problemática por mucho, mucho tiempo, y créame cuando le digo que a los que hacen las cosas como Dios manda, ¡les llega la victoria!
“Sí, pero”, piensas “yo he estado cumpliendo con la Palabra de Dios por un largo tiempo ¡y todavía no he experimentado la victoria!”.
Entonces siga cumpliéndola. Nadie sabe exactamente cuánto tiempo se necesita para que la Palabra obre en su vida. Mas déjeme asegurarle que si usted es constante y tenaz al respecto, tarde o temprano la Palabra se cumplirá en usted.
Sé que con frecuencia hay que luchar constantemente para salir adelante, en especial cuando parece que no se obtiene resultado alguno. Sé que hay que pelear. Sé que Satanás intenta impedir que pase tiempo en la Palabra, y cuando lo logra, usa todo su arsenal para evitar que la ponga en práctica en su vida. Pero también sé que una vez que ponga por obra la Palabra de Dios en su vida, hace todo lo posible para que piense que no funcionará.
Es por eso que tiene que mantenerse constante. Pídele a Dios que le ayude a desear estudiar Su Palabra y a hacerlo a pesar de cuán difícil sea o cuánto tiempo tarde en producir fruto en su vida.

¿QUIERES REALMENTE SER SANO?

“Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?” (Juan 5: 5-6).

¿No le parece increíble que Jesús le plantee una pregunta tal a un hombre que había estado enfermo por treinta y ocho largos años?
En este mismo instante, mientras lee estas palabras, el Señor le plantea la misma pregunta: “¿Quieres realmente ser sano?.
¿Sabía que hay personas que en el fondo no desean ser sanas? Sólo quieren hablar de su problema. ¿Es usted una de ellas? ¿Realmente quiere mejorarse y ser sano, o sólo está interesado en quejarse de su problema?
Hay algunas personas que a veces se tornan adictas a su problema. El problema se convierte en su tarjeta de identidad, les afecta la vida entera. Define todo lo que piensan, dicen y hacen. Todo su ser se centra en él.
Si usted está enfermo y “lleva ya mucho tiempo así”, el Señor quiere que sepa que no tiene por qué ser el enfoque principal de su existencia. Él quiere que confíe en Él y coopere con Él para que le lleve paso a paso a la victoria.

La verdad es que antes de mejorarnos, tenemos que “de veras” querer ser sanos en nuestro cuerpo, alma y espíritu. Tenemos que desearlo tan profundamente que estaremos dispuestos a escuchar y a aceptar la verdad.
Dios obra de manera diferente con cada persona. Cada uno de nosotros debe aprender a seguir el plan de Dios que Él ha programado a nuestra medida. Cualquiera que sea nuestro problema, Dios ha prometido suplir nuestra necesidad y recompensarnos por nuestra pérdida. Encarar la verdad es la llave que abrirá las puertas de la prisión que nos ha mantenido cautivos.

LA JUSTICIA DE DIOS

“En lugar de vuestra doble confusión y de vuestra deshonra, os alabarán en sus heredades; por lo cual en sus tierras poseerán doble honra, y tendrán perpetuo gozo” (Isaías 61: 7).

El DRAE define la palabra “heredad” como “porción de terreno cultivado perteneciente a un mismo dueño, herencia”. El Diccionario Larousse define “herencia” como “bienes que se transfieren a uno por sucesión”. Así que cuando el profeta dice que el Señor nos dará “heredades”, significa que nos compensará por la confusión, la deshonra y el reproche que hemos sufrido. Quiere decir que el Señor nos compensará por nuestras pérdidas, por las heridas que hemos sufrido a lo largo de la vida.
La Biblia dice en Romanos 12:19 “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”.
Uno de los errores más graves que cometemos es intentar vengarnos, darle al otro su merecido, equilibrar la balanza de la justicia, en vez de confiar en que Dios se encargará de hacerlo por nosotros. Si intentamos hacerlo nosotros mismos, terminaremos en tremendo lío.
Cuando la Biblia habla de compensación y de justicia, sencillamente quiere decir que usted y yo recibiremos lo que nos corresponde, aquello a lo cual tenemos derecho.
Ahora, en calidad de hijos de Dios que han sido comprados con la sangre de Su propio Hijo, sabemos que, siempre y cuando confiemos en el Señor y le obedezcamos, y nos arrepintamos de nuestros pecados y de nuestros fracasos, no recibiremos lo que nos correspondería en cuanto al castigo propio de nuestros pecados, sino que seremos recompensados por nuestra justicia. Jesús llevó nuestro castigo, a cambio, nosotros recibimos Su herencia.
En el Salmo 37: 1-2 dice la Biblia: “No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán”.
“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo”, (Romanos 5:5). No queremos que nadie sea cortado ni se seque, aún los que nos han hecho daño. Doy gracias a Dios que en mi vida he llegado al punto de que no quiero que los que me atormentaron vivan una vida miserable. Sin embargo, Dios nos ha prometido que a los que le pertenecemos y seguimos, Él se encargará de que algún día los que nos hirieron paguen por pecar contra nosotros, a menos que lleguen al arrepentimiento. Pero será Dios quien nos recompensará, si confiamos en Él.
Muy a menudo los creyentes no parecen darse cuenta de que no les corresponde tomar cartas en el asunto. Muchos están enojados por lo que le han hecho, y esa ira se manifiesta de muchas maneras destructivas.
Parte del problema estriba en que, como cristianos, aún no hemos aprendido que la vida trae desilusiones. La primera parte del Salmo 34:1 dice “Muchas son las aflicciones del justo”. Aunque somos hijos de Dios, no todo saldrá como queremos, y no todos nos tratarán como nos gustaría ser tratados.
Más la Biblia enseña que si seguimos confiando en Dios a pesar de lo que nos pueda llegar a ocurrir, si mantenemos firmes los ojos puestos en Él y depositamos nuestra fe y confianza en Él, será Él quien equilibre las balanzas. La segunda parte del Salmo 34:19 dice “¡… pero de todas ellas le librará Jehová!”. La hora llegará en que todas las cosas caerán en su lugar. Nuestros enemigos serán recompensados por todas sus artimañas, y nosotros recibiremos una doble porción por todo lo que hemos perdido y sufrido.
Vale la pena esperar que se cumpla la verdadera justicia.

UNA GRAN RECOMPENSA

“Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abraham en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande”. (Génesis 15:1).

Todos ponemos de manifiesto lo que nos ha ocurrido en la vida. Las experiencias vividas en el pasado son la causa de la mayoría de nuestras actitudes y comportamiento negativos. Mientras puede ser la razón de ser de “cómo” somos hoy por hoy, no es razón verdadera para “quedarnos” de esa manera.
Dios nos dice a cada uno de nosotros, hoy, “Si confías en Mí lo suficiente como para entregarme tu pasado y permitir que sea Yo quien lidie con él, te voy a recompensar por ello. Deja de intentar hacerlo por ti mismo, ¡lo único que haces es empeorar las cosas!”.
Uno de los factores más importantes de dejar las cosas en manos de Dios tiene que ver con el perdón.

Aunque hemos escuchado muchos mensajes sobre el tema del perdón, si no lo hacemos, las balanzas de la justicia jamás llegarán al equilibrio, y nunca experimentaremos la plenitud de vida abundante que Dios quiere darnos.
Si aprende a confiarle al Señor todo su pasado, Él ha prometido recompensar a los que le han causado desdicha y sufrimiento (aunque Dios recompensa de manera muy distinta a la que uno se imagina), y le compensará el doble por las aflicciones vividas. ¿No le parece que vale la pena renunciar a las heridas del pasado a cambio de obtener una recompensa y un galardón tal?

LOS DOS CAMINOS

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que le hallan” (Mateo 7: 13-14).

Vimos que Jesús dijo “Yo soy el camino”. En este pasaje habla de dos caminos distintos, el ancho que lleva a la destrucción y el angosto que lleva a la vida.
Conforme meditaba sobre este pasaje, el Señor avivó en mí el significado del mismo diciéndome, “Joyce, en el camino ancho hay lugar de sobra para todo tipo de cosas carnales, tales como la amargura, la falta de perdón, el resentimiento y el deseo de venganza. Pero en el camino angosto sólo hay lugar para que quepa el Espíritu”.
En la carne resulta fácil tomar el camino fácil, hacerlo hace que uno se sienta bien en ese momento, pero su fin es la destrucción. Es mucho más difícil tomar el camino angosto que lleva a la vida.
Las emociones nos arrastran a tomar por el camino fácil, a hacer lo que nos complace por ahora. La sabiduría nos guía a tomar por el camino difícil que lleva a la vida.
La interrogante es: ¿qué camino escogeremos?

¡ DIOS QUIERE SER BUENO CON USTED !

“Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo, bienaventurados todos los que confían en él”. (Isaías 30: 18).

Note nuevamente que ¡Dios es un Dios de justicia! ¡Espera, está a la expectativa, busca y anhela hacerle el bien!
Hebreos 6:10 dice: “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre…” Esta es la razón por la cual los que esperamos en Él fervorosamente somos bendecidos.
Dios está en el cielo esperando hacerle el bien a usted y a mí. Es un dios de misericordia y justicia, no de ira y castigo. Él desea equilibrar las balanzas de nuestra vida, y recompensarnos por todas las heridas y lastimaduras que hemos sufrido, cualesquiera que hayan sido.
No importa cual sea su presente situación, o su experiencia pasada, ¡Dios quiere hacerle el bien! Él ha trazado un plan excelente para su vida.

¡ SIGA CAMINANDO !

“Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Éste es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (Isaías 30: 21).

A pesar de lo que pueda haberle sucedido en la vida, si usted sigue por ese camino estrecho y deja atrás todo el exceso de equipaje, tarde o temprano hallará la paz, el gozo y la satisfacción que busca.
Jesús es el camino, y nos ha mostrado de qué manera debemos caminar. El Señor ha enviado a su Espíritu Santo para guiarnos al camino por el cual estamos supuestos a andar, el camino angosto que lleva a la vida y no el ancho que lleva a la destrucción.
Tenemos que seguir andando en los caminos del Señor: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9).
La Biblia no promete que cuando hagamos el bien vamos a cosechar de inmediato recompensa, pero sí nos asegura que si continuamos haciendo lo correcto, con el tiempo seremos galardonados.
Dios dice: “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega… “ (Génesis 8:22). Podríamos parafrasear este versículo de la siguiente manera: “Mientras la tierra permanezca, habrá temporadas de “siembra”, de “espera”, y de “cosecha”. Tenemos que ser igual de pacientes que el agricultor, quien planta la semilla y permanece “a la expectación” de la cosecha. Espera ansiosamente y habla acerca de la cosecha.

miércoles 2 de diciembre de 2009

Tim LaHaye.Cap.11: "Como superar nuestras debilidades". Libro: "Temperamentos controlados por el Espíritu"


Uso ventajoso de los temperamentos

El principal propósito que nos ha movido a realizar este estudio sobre los temperamentos, es el de examinar tanto nuestras fuerzas como nuestras debilidades y acudir al Espíritu Santo para que él nos llene y nos dé el vigor necesario que nos permita superar nuestras debilidades.
La persona madura, según la definió el Dr. Henry Brandt es la persona “lo suficientemente objetiva para analizar sus fuerzas y sus debilidades y capaz de elaborar un programa para superar dichas debilidades”. Con la ayuda de este estudio sobre los temperamentos cada uno podrá examinar sus fuerzas y sus debilidades y podrá elaborar, así lo esperamos, un planificado programa para vencer sus debilidades.
Si examinamos detenidamente la clasificación en cuatro temperamentos, y nos analizamos objetivamente, podremos determinar a qué tipo pertenecemos. Nadie pertenece a un solo tipo temperamental. Hay predominio de un tipo, con rasgos de uno o más de los otros. Una vez determinado el temperamento determinante, anotemos nuetras fuerzas y debilidades.
Dios pretende que Cristo sea glorificado en cada una de las áreas de nuestra vida, dentro del marco de nuestra propia responsabilidad. Es posible que hayamos descuidado ciertas y determinadas fuerzas naturales y utilizado otras exageradamente, haciendo que nuestras acciones sean en realidad “obras de la carne”.
Un examen honesto de nuestras debilidades será sumamente beneficioso al señalar las áreas de nuestra vida que necesitan un ungimiento del Espíritu Santo. Recordemos un factor importante: si somos cristianos, ¡no estamos obligados a ser esclavos de nuestras naturales debilidades! “A Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús…” (2 Co. 2:14).
Dios, en su sabia providencia, nos ha creado a cada uno de nosotros por “su voluntad” (Ap. 4:11); por lo tanto ningún hombre tiene el derecho de despreciar su temperamento, y debe reconocer que, como obra de sus manos, somos “formidables y maravillosos” (Sal. 139:14) y que Dios utiliza los temperamentos naturales del hombre cuando está lleno con su Espíritu. Dios nos ha hecho con un propósito específico; por el poder divino podemos ser los vasos perfeccionados que Dios quiere que seamos.
En base al estudio de los temperamentos, debemos determinar a cuál de ellos pertenecemos; luego debemos confeccionar una lista de nuestras naturales debilidades y finalmente buscar el henchimiento del Espíritu Santo para superarlas.

TEMPERAMENTOS
Extrovertido
1. Sanguíneo: sentimentalista (se desenvuelve según sus sentimientos).
2. Colérico: emocionalista; agresivo (se desenvuelve según emociones impulsivas).

Introvertido
3. Melancólico: retraído; dubitativo; pesimista (se desenvuelve sin una clara percepción de la realidad).
4. Flemático: inmaduro; despersonalizado; desrrealizado (se desenvuelve mediante bromas e ironía, las cuales serían como un “mecanismo defensivo” con lo cual se oculta la realidad).

El egoísmo: causa de las debilidades humanas

Una de las cosas más difíciles que le toca aprender al hombre, es el principio que estableció el Señor Jesús cuando dijo: “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa mía, la hallará” (Mateo 10:39). Cuando la fe y la consagración del hombre han alcanzado el punto de que está dispuesto a entregar completamente su vida a Jesucristo, el Espíritu de Dios cura su problema del egoísmo. Esta cura es básica, pero por la fuerza del hábito ocasionalmente se repetirán los esquemas anteriores; cuando deja de “morar en Cristo” o de “andar en el Espíritu” volverá a su anterior comportamiento.

El Espíritu Santo es el remedio de Dios para las debilidades temperamentales

No es la voluntad de Dios que seamos dominados por nuestras debilidades, sino de que seamos llenos del Espíritu Santo y de esa manera poder librarnos de ellas.
El Espíritu Santo mora únicamente en aquéllos que han recibido al Señor Jesucristo por fe como el que los salva de sus pecados.
Si ha confiado en Cristo, Dios le envía el Espíritu Santo para que habite en su corazón. Quien nunca haya recibido a Jesucristo como Señor y Salvador, debe antes que nada, humillarse y pedirle que entre en su vida. La Biblia también nos dice: “Todo aquél que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Ro. 10:13). Si estamos dispuestos a reconocer a Jesucristo como Señor de nuestra vida, debemos invitarle a que venga o, como lo dice la Biblia, “invocar el nombre del Señor”.
Jesús se refirió a la salvación como “nacer de nuevo”, y así es nuestro nacimiento espiritual.

Jesucristo mismo nos dijo: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap. 3:20). La palabra “cenar” significa “comulgar”; si lo que deseamos es la comunión con Cristo por medio del Espíritu, tenemos que invitarle a nuestra vida. Es el único medio de que disponemos para alcanzar el perdón de nuestros pecados, lograr la salvación del alma y tener al Espíritu Santo. El Espíritu Santo habita y llena la vida solamente de los creyentes, y creyentes son aquéllos que han invitado a Jesucristo a morar en ellos como Señor y Salvador. Y es en vano que busquemos otra manera de superar nuestras debilidades o de mantener comunión con Dios. Jesucristo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6) Si nunca hemos invocado el nombre del Señor Jesús, debemos hacerlo de inmediato. Es el único camino al Padre, la única fuente de poder para superar nuestras debilidades.

Superar nuestras debilidades

Si somos cristianos contamos con el poder para superar nuestras debilidades. Ese poder es el Espíritu Santo, y Él vencerá nuestras debilidades. Si a pesar de ello descubrimos que hemos constristado o ahogado al Espíritu Santo incurriendo en la ira o en el temor, o en cualquier otra debilidad, nos resultará sumamente efectivo el siguiente programa planificado para superar nuestras debilidades.

1. ¡Enfrentemos las debilidades sabiendo que son pecados!
En ningún caso debemos excusar nuestras debilidades con expresiones tales como “esa es mi naturaleza” o “no lo puedo evitar, yo soy como soy”. Desgraciadamente muchísimos cristianos son verdaderos artistas en el arte del escapismo mental y rehúsan llamar a las cosas por su nombre, designando como pecado sus defectos y debilidades. El hecho de que hoy en día el escapismo es una práctica muy común, no exime a los cristianos que se entregan a esa práctica nefasta. Debemos ser realistas. Si conocemos a Cristo podemos enfrentar cualquier cosa. La Biblia nos dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13).

El hombre que no conoce a Jesucristo puede negarse a reconocer sus propias debilidades, puesto que no tiene acceso al poder de Dios para superarlas. Pero eso no es el problema si somos cristianos. Por lo tanto, debemos reconocer nuestras debilidades como un pecado.
La asociación Alcohólicos Anónimos aclara desde un comienzo que el primer paso que hay que dar para curarse es que el alcohólico reconozca el hecho de que lo es. De la misma manera, si no reconocemos el hecho de que somos cristianos iracundos, amargados, temerosos, ansiosos y preocupados, iremos a la tumba dominados por la ira y el temor. Si somos personas depresivas como resultado de incurrir en el pecado de la compasión por nosotros mismos, iremos a la tumba frustrados por los efectos de largos períodos de depresión. No importa cuál sea nuestra debilidad, debemos dar el paso hacia la curación, enfrentando el hecho de que es un pecado, y luego recurriendo a Dios en busca de su maravillosa curación.

2. ¡Confesar los pecados!
1 Juan 1:9 dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.
Juan tuvo por destinatarios a los que llamaba “hijitos míos”, puesto que dirige la carta a los que son hijos de Dios por la fe. Alguien llamó a este versículo “el pan de jabón del cristiano”.
La Biblia dice: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Sal. 66:18).
La oración está en corto circuito mientras subsistan pecados no confesados.
Por ejemplo, si no se reconoce que la ira y el temor que los dominan son pecados, sus oraciones serán nulas y sin valor. Felizmente esa vida de oración se restablece en el momento de la confesión.
“¿Cuántas veces debo echar mano de 1 Juan 1:9? es una pregunta que con mucha frecuencia me han formulado. Mi respuesta es siempre igual: “Cada vez que peque y tan pronto como esté consciente de su pecado”. No hay que dejar pasar ningún lapso entre la acción pecaminosa y la confesión. Cada vez que perdemos los estribos o nos sentimos temerosos o deprimidos, contristamos o apagamos al Espíritu Santo. En el preciso instante en que adquirimos consciencia de ese pecado, debemos confesarlo y darle gracias a Dios por su perdón y restauración.

3. Pedirle a nuestro Padre celestial que nos quite este hábito
“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que el nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayanos hecho” (1 Juan 5: 14-15).
La voluntad de Dios es que obtengamos la victoria.
Estos versículos no dejan la más mínima duda de que podemos confiar en que nuestras oraciones serán contestadas cuando pedimos algo de acuerdo a su voluntad. Por lo tanto, cuando le pedimos a Dios que nos cure nuestras debilidades, habituales podemos confiar en que lo hará.
Puesto que el Señor Jesús cuenta con todo el poder, y lo ha demostrado al crear los cielos y la tierra, en lo cual se incluye al hombre, por cierto que tiene el poder para librarnos de nuestras debilidades.

4. Creer que Dios nos ha concedido la victoria. Romanos 14:23 dice que ”todo lo que no proviene de fe es pecado”. Muchos cristianos se atascan aquí porque luego de pedirle a Dios que los cure “no sienten que están curados”. Nada tiene que ver con lo que sentimos. En lugar de ello tenemos que confiar en las promesas de Dios y esperar la victoria. Podemos hacer todas las cosas en Cristo que nos fortalece, como por ejemplo ser amables en lugar de iracundos, confiados en lugar de temerosos. Encomendamos a Dios nuestro camino en lugar de preocuparnos por todas las cosas.
Y no hay mejor manera de aceptar la victoria – de acuerdo con las reglas estipuladas – que agradecerle a Dios, por fe, por la victoria alcanzada. 1 Tesalonicenses 5:18 dice: “Dad gracias en todo, porque es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. Y ya que la voluntad de Dios es que le agradezcamos en todo, entonces por fe podemos darle las gracias por la curación de nuestras debilidades, cuando obedientemente le hemos pedido la victoria.

5. Pidamos ser llenos con el Espíritu Santo (Lc. 11:13)
Como una ayuda adicional para superar las debilidades, debemos pedir ser llenos con el Espíritu Santo.
Si ya hemos reconocido que nuestras debilidades conforman un pecado, si los hemos confesado como tales, y le hemos pedido por fe al Padre celestial que nos dé la victoria ¿por qué no alistamos para su servicio pidiendo que nos llene con el Espíritu Santo, creyendo que Dios hará lo que le rogamos?

6. Andemos en el Espíritu y moremos en Cristo (Gá. 5:16); (Juan 5:1-11).
El Señor Jesús dijo: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7). La “vida permanente” es la “vida llena del Espíritu”, y es la forma de vivir que Cristo quiere que vivamos.
Sugerimos los siguientes pasos como método de andar en el Espíritu o morar en Cristo:

- Permitamos que la Palabra de Dios ocupe una parte permanente en nuestras vidas. Como la Palabra es un libro sobrenatural, realiza cosas también sobrenaturales en la vida del creyente que la lee. El cristiano lleno del Espíritu Santo leerá la Palabra de Dios pues es su única fuente de alimento espiritual. Para ser fieles en el cumplimiento de esta premisa, debemos disponer de un horario regular para la lectura. Si se trata de recién convertidos, les sugerimos que comiencen por el Evangelio de Juan; a continuación leer varias veces 1 Juan, Filipenses y Efesios; luego todo el Nuevo Testamento. Es preferible no leer el Antiguo Testamento hasta no haber leído todo el Nuevo Testamento.
Debemos hacer una práctica diaria de la oración. Por cuanto la oración es comunión con Dios, también debe ocupar un lugar prominente en la vida del cristiano que camina en el Espíritu. Cuando hablamos de oración, mucha gente imagina prolongados períodos en la soledad de nuestra alcoba. Claro está que esos prolongados períodos de oración son beneficiosos y deberían efectuarse en forma regular en la vida de un cristiano, pero eso no es todo en la vida de oración. La Biblia no habla “sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar” (Lc. 18:1) y de que deberíamos “orar sin cesar” (1 Ts 5:18). El cristiano que anda en el Espíritu vivirá una vida de oración. Se comunicará con Cristo, por medio del Espíritu Santo, respecto de todas las cosas de la vida. Le pedirá instrucciones por ejemplo sobre su trabajo y las decisiones que ha de tomar con su familia, en pocas palabras, pondrá en práctica la exhortación de Proverbios 3:6 : “Reconócelo en todos tus caminos”.
- Debemos someternos permanentemente al Espíritu Santo.
Romanos 6: 11:13 dice que debemos presentar nuestros “miembros a Dios, como instrumentos de justicia”. El cristiano en quien vive Cristo o que anda en el Espíritu, es uno que se somete permanentemente a Dios. Y vivir sometido a Dios quiere decir que todos los planes y actividades de la vida están condicionados a la premisa de “hágase tu voluntad”. Nada tiene de malo que un cristiano anhele ciertas cosas, siempre y cuando esas cosas no sean transgresoras de los principios establecidos en la Palabra de Dios y se ajusten al espíritu de la oración de Jesús en Getsemaní: “No se haga mi voluntad sino la tuya”. Nos colocamos en terreno muy peligroso cuando exigimos voluntariosa y obstinadamente salirnos con la nuestra.
Siempre hay que recordar que Dios está interesado en dar “buenas cosas a los que le pidan” (Mt. 7:11). Pero el cristiano sometido a Dios y que anda en el Espíritu, condicionará todos sus deseos al principio de que “si Dios quiere” hará tal o cual cosa.
- Servir a Cristo. El Señor Jesús dijo: “Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará” (Juan 12:36). También les dijo a sus discípulos: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres” (Mt. 4:19); y “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9:23).
Dios utiliza su obra a los hombres para ejecutar su obra, y Dios quiere llenar nuestras vidas no solamente superando nuestras debilidades, sino haciéndonos productivos y efectivos en su servicio. Y esta productividad no solamente tiene una significación eterna para el futuro sino también una acción terapéutica para el presente.

El andar en el Espíritu es un estilo de vida. Admitamos que es un estilo de vida sobrenatural, y que es el resultado de residir en nuestros corazones en Espíritu Santo de Dios, que es sobrenatural. No es nada menos de lo que podemos esperar como resultado de recibir a Cristo, porque la Palabra de Dios nos promete que las cosas viejas pasan y “he aquí todas son hechas nuevas” (1 Co. 5: 17).

El poder del hábito

El hábito puede ser una fuerza despiadada que domina a mucha gente. No debemos sorprendernos, por lo tanto, si descubrimos que nos hemos dado al hábito de dar rienda suelta a nuestras debilidades, sean ellas la ira, el temor, la depresión o cualquiera de sus derivados. Pero recordemos que el ser dominados por ese hábito no es algo ineludible (Fil. 4:13). Claro está que el diablo tratará de ganar terreno en el campo de batalla, pero tenemos la Palabra de Dios que dice: “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). Hay muchos cristianos que aceptan el método propuesto de reconocer que sus debilidades son un pecado, que lo confiesan, que piden la victoria, que creen en la obtención de la victoria, que solicitan ser llenos con el Espíritu Santo y andan en el Espíritu, y, al final de todo ello, vuelven al hábito. Y muchas veces renuncian a todo esfuerzo porque han vuelto al viejo hábito. ¡Ésta es una artimaña del diablo! El mejor tratamiento es repetir por fe estos cinco pasos para superar nuestras debilidades, cada vez que pecamos y tomamos consciencia de nuestros pecados, y algún día los viejos hábitos dejarán de dominarnos.

Dios puede superar nuestras debilidades. Todos tenemos la tendencia de exagerar nuestros problemas y, si se puede ayudarnos en algo, recordemos que: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida para que podáis soportar” (1 Co. 10:13).
Cualquiera que sea la debilidad, son comunes a todos los seres humanos porque son el resultado de nuestro temperamento, de nuestro medio ambiente, de nuestra educación y de nuestra motivación. Si hemos recibido a Jesucristo como Salvador y Señor, el Espíritu Santo pasa a ser nuestra motivación y la parte más importante de nuestro carácter.

Ante nosotros se abre la perspectiva de un nuevo estilo de vida a medida que permitimos que el Espíritu Santo controle nuestros temperamentos.

sábado 14 de noviembre de 2009

*Rick Warren*. "Día 3", del libro: "Una vida con propósito"


¿QUÉ GUÍA TU VIDA?

Según algunos diccionarios podríamos definen el verbo guiar como “orientar, mover, conducir o empujar”.

¿Qué es lo que guía tu vida?

El temor es un tipo de cárcel que tú mismo te impones, impidiéndote llegar a ser lo que Dios desea que seas. Debes reaccionar contra eso con las armas de la fe y el amor.

No deja de ser un mito eso de que “cuanto más tenga, más importante soy”. Cuánto valemos como personas y cuánto valemos por lo que tenemos no es lo mismo. No se puede determinar cuánto valés por las cosas que posees y Dios dice que ¡las cosas más valiosas en la vida no son los bienes que posees ¡

La verdadera seguridad se fundamenta sólo en algo que no te pueden quitar: tu relación con Dios.

Sin un propósito, la vida es una marcha sin sentido, un movimiento sin dirección y sucesos sin motivos. La vida sin propósito es trivial, insignificante e inútil.

BENEFICIOS DE UNA VIDA CON PROPÓSITO

Conocer tu propósito da sentido a tu vida.

Cuando la vida tiene sentido puedes soportar cualquier cosa. Cuando no lo tiene resulta insoportable.

¿QUÉ GUÍA TU VIDA?

Sin Dios la vida no tiene propósito y sin propósito la vida no tiene sentido. La vida sin sentido no tiene significado ni esperanza. Muchos que no tenían esperanza lo expresaron así en la Biblia. Isaías se quejó diciendo “En vano he trabajado; he gastado mis fuerzas sin provecho alguno”. Job dijo: “Mis días se acercan al fin, sin esperanza, con la rapidez de una lanzadera de telar”; y también “Tengo en poco mi vida; no quiero vivir para siempre. ¡Déjenme en paz, que mi vida no tiene sentido”. La tragedia más terrible es vivir sin propósito.
La esperanza es tan esencial para tu vida como el aire y el agua. Necesitas tener esperanza para poder salir adelante.

Tener esperanza es el resultado de tener un propósito.

Conocer tu propósito simplifica tu vida. Esto define lo que haces o lo que dejas de hacer. Tu propósito se convierte en el patrón que usarás para evaluar qué cosas son esenciales y cuáles no. Formúlate la pregunta: esta actividad que voy a realizar, ¿me ayudará a cumplir los propósitos de Dios para mi vida?
Sin un propósito definido no tienes fundamento alguno en qué basar tus decisiones, distribuir tu tiempo y usar tus recursos. Entonces tomarás decisiones basadas en las circunstancias, en las presiones y el estado de ánimo del momento.

Vivir con propósito nos lleva a un estilo de vida más sencillo y a un plan de actividades más saludables.
Te lleva también a tener tranquilidad: “Al de propósito firme guardarás en perfecta paz, porque en ti confia”.
Conocer tu propósito enfoca tu vida. Esto hace que dirijas todo tu esfuerzo y energía a lo que es importante. Te conviertes en una persona efectiva al ser selectivo.

Sin un propósito claro, seguirás cambiando de dirección, de trabajo, de relaciones, de iglesia y muchas cosas más, esperando que cada cambio pueda resolver la confusión o llenar el vacío de tu corazón. Piensas: “esta vez quizá sea diferente”, pero eso no resuelve tu verdadero problema, es decir, la carencia de enfoque o propósito. La Biblia dice: “No sean insensatos, sino entiendan cual es la voluntad del Señor”.

Conocer tu propósito estimula tu vida. El propósito siempre produce entusiasmo. No hay nada que dé tanto ímpetu como tener un propósito claro. Por otro lado, el entusiasmo se disipa por falta de propósito

Punto de reflexión: Vivir con un propósito es el camino a la paz.

Versículo para recordar: “Al de propósito firme guardarás en perfecta paz, porque en ti confia” Isaías 26:3 (PAR).

Pregunta para considerar: ¿Cuál, podrían decir mi familia y amigos, es la fuerza que mueve mi vida? ¿Cuál quiero yo que sea?

jueves 1 de octubre de 2009

Tema: Dios de Pactos. Autor: Marcos Witt

sábado 26 de septiembre de 2009

- Tema: Mi universo. Autor: Jesús Adrián Romero